El Niño 2026: entre la esperanza hídrica y los riesgos de una lluvia que el territorio no está listo para recibir

El fenómeno de El Niño vuelve a ocupar un lugar central en la conversación climática de este año. Para muchos, su regreso evoca una imagen positiva: más lluvia, embalses que se recuperan, sequías que ceden. Pero la realidad es más matizada y, en varios aspectos, más preocupante de lo que parece.

Las proyecciones más recientes apuntan a una intensificación del fenómeno durante la segunda mitad del invierno, con un incremento notable de precipitaciones en diversas regiones del país. Zonas fuera de la zona metropolitana podrían beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua y una recuperación parcial de sus fuentes subterráneas y superficiales.

Sin embargo, ese panorama tiene una cara menos alentadora. Tras años de déficit hídrico sostenido, los suelos han perdido gran parte de su capacidad para absorber agua. Esto significa que lluvias intensas en periodos cortos no necesariamente se traducen en recarga de acuíferos, sino en inundaciones, crecidas de ríos y deslizamientos. El territorio, en muchos casos, ya no puede recibir el agua de la misma forma en que lo hacía antes.

A esto se suma otro factor crítico: el aumento de temperaturas derivado del cambio climático está alterando la forma en que precipita el agua. Cuando las condiciones térmicas impiden que la lluvia se convierta en nieve, se pierde uno de los mecanismos naturales más eficientes de almacenamiento hídrico, aquel que libera agua de forma gradual durante meses. Sin ese colchón nival, la disponibilidad de agua a largo plazo se reduce, incluso en años lluviosos.

Este escenario pone en evidencia una realidad que ya no puede ignorarse: la adaptación climática no puede centrarse exclusivamente en prepararse para la falta de agua. Los eventos extremos, tanto sequías como lluvias intensas, forman parte de un mismo ciclo que exige respuestas más integrales y flexibles.

Para empresas, gobiernos y comunidades, el mensaje es claro: la gestión del agua debe evolucionar. Esto implica invertir en infraestructura resiliente, actualizar los sistemas de prevención de riesgos y desarrollar una planeación hídrica que contemple escenarios múltiples, no solo el más favorable.

El verdadero reto de El Niño 2026 no es que vuelva la lluvia. Es si estamos preparados para recibirla.

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Referencias

  • Laboratorio PROMMRA. (2026). Proyecciones climáticas y fenómeno El Niño 2026.
  • Organización Meteorológica Mundial. (s.f.). El Niño y La Niña. https://public.wmo.int/es

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